Cuando tu perro llega a la tercera edad

Cuando nuestro mejor amigo muestra los primeros signos de estar entrando a la “tercera edad”, es hora de que le brindemos no sólo los mejores cuidados sino también nuestro apoyo y sostén. Así como nosotros sentimos el paso de los años, para él se inicia una nueva etapa que representa una oportunidad de devolverle con cariño todo lo que ella nos ha brindado.

Probablemente, durante toda su vida hemos estado pendientes de él y nos hemos ocupado de su bienestar, pero cuando llegue este momento todavía deberemos implicarnos más para que siga siendo un perro feliz y saludable. Encontrarnos con que hay cambios no sólo a nivel físico sino también comportamentales que empiezan a diferir de lo que usualmente conocemos o esperamos de nuestro perro, puede resultarnos difícil de afrontar. Inicialmente quizás nos sorprendamos, para luego ir reconociendo que está entrando en la plenitud de su vida.

¿Le cuesta moverse o lo hace con menos agilidad? ¿Tiene menos energía para jugar, sus períodos de descanso cada vez se prolongan más? ¿Tarda en responder a los estímulos del medio ambiente? ¿Aveces parece desorientado cuando lo llamamos, tardando más en reaccionar, como si nos desobedeciera? Estas son algunas de las señales que pueden ir apareciendo y dando cuenta de que ya es un perro mayor.

Para poder entender y atender los cambios que él está atravesando, uno de los puntos esenciales son las visitas periódicas al veterinario. Más que nunca será importante que contemos con la ayuda y el consejo profesional de un experto ya que él nos pondrá sobre aviso de cuáles son las medidas y precauciones que debemos tomar. Esto nos permitirá poder discriminar que cosas son esperables de su edad para que no nos asustemos, pero sí nos ocupemos.

Los perros ancianos muestran signos de debilidad senil que debemos comprender y tolerar. Puede que nos pida más atención o que quiera estar más cerca de nosotros; también que nos haga caso, y que no soporte demasiado algunas órdenes. Deberemos ser comprensivos con él y darle todo el tiempo y el afecto que podamos para que se sienta contento y seguro.

En cuanto a su actividad física lo ideal es que haga ejercicios a diario que consistan en paseos y juegos de atrapar objetos de manera tranquila, sin agresividad ni violencia. La cantidad de ejercicio tiene que ir en proporción, primeramente a la clase de perro que sea, esto incluso cuando es joven, y sobre todo a su estado de salud y sus ganas. En general, no dejaremos que se canse en exceso y haremos que repose cuando lo necesite.

Puede ser que la llegada de un cachorro a casa sea beneficioso para el nuestro perro anciano porque la energía y la vitalidad de este nuevo compañero puede ser estimulante. Sin embargo quizás sea intolerante con el cachorro, que le moleste o le irrite tener al lado a un pequeño que no se está quieto en ningún momento. Tendremos que enseñarle al cachorro a no molestar al perro mayor, cuidando los espacios individuales sobre todo a la hora de comer y dormir. Lo mismo puede pasar con los niños. Los perros mayores necesitan mucha calma y tranquilidad, y los movimientos rápidos y la incesante energía de los niños pueden molestarle. Deberemos enseñarle al niño que no moleste al perro sobre todo cuando está durmiendo. También si hay mucha gente en la casa es mejor que le brindemos a nuestra mascota de un espacio tranquilo donde no sea molestada.

 

Es importante que vayamos adaptándonos a lo que el sí puede dar, lo que le permitirá evitar que se frustre o se pueda lastimar. El irá modulando sus esfuerzos de acuerdo a sus capacidades, en eso la naturaleza es sabia. Pero como es devoto de su dueño intentará satisfacernos y respondernos con las ganas de siempre, por eso hay que tener cuidado y cuidarlo, sin exigirle de más.

Darse cuenta que ya no es el mismo es lo más difícil para el dueño. Hay que poder dejar un poco atrás lo que fue, para hacer lugar a lo nuevo, y poder entender que es una etapa más de su vida, que si la está viviendo tenemos que estar agradecidos, significa que ha compartido mucho tiempo con nosotros.

Cariño ilimitado, paciencia y cuidados físicos y médicos bastarán para que nuestro perro sobrelleve de la mejor manera posible la madurez que él se merece, así podremos seguir disfrutándolo y él ser un perro feliz en la plenitud de su vida.

Lic. Delia Madero

Psicóloga

MN 41798

 

Los temas trabajados en el presente artículo tienen como fundamento tratar el vínculo entre el ser humano y su mascota, desde una perspectiva psicológica aplicada a las personas. Temáticas relacionadas con el comportamiento animal tienen como objetivo únicamente ilustrar diferentes aspectos de dicha relación. Ante cualquier duda o consulta con respecto al comportamiento de su mascota no dude en consultar con la Dirección Veterinaria de DogRun o su profesional de confianza.

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