Decisiones difíciles (Parte I)

Entre un dueño y su perro puede existir un lazo afectivo tan estrecho que la pérdida del animal es un trauma difícil de superar, como así también él sufre la ausencia de su dueño. Más aún, a veces sucede que el dueño se ve enfrentado a la difícil tarea de tener que decidir sacrificar al animal para evitar su sufrimiento, complejizándose bastante las cosas. Informarse puede ser una herramienta útil para comprender mejor esta situación, si tenemos la desdicha de tener que atravesarla nosotros o alguien cercano.

La palabra eutanasia es de origen griego y significa: “muerte sin sufrimiento físico”. Implica provocar el fallecimiento (en este caso del perro), de una manera plácida, sin dolor, temor, ni ansiedad. Se practica como último recurso, cuando la prolongación de la vida le acarrea al animal un sufrimiento innecesario e irreversible, es decir, el desenlace será, de igual manera, el fallecimiento de éste.

La decisión de practicar la eutanasia es sin lugar a dudas la más complicada y traumática para cualquier dueño. Parece paradójico que haya situaciones que le exijan a uno sacrificar a su propia mascota, con quien ha establecido un vínculo de cariño, complicidad y compañía. La decisión implica una encrucijada que requiere de serenidad y claridad mental para poder atravesar dicha situación de la mejor manera posible.

Ante todo, es prioritario resaltar que cualquier medida que se tome debe poner en primer lugar el bienestar del animal, por sobre nuestros sentimientos. Es natural que se sienta un gran caudal de culpa. El examen exhaustivo y el apoyo de un veterinario ayudará a fortalecernos y a pensar que, más allá de cómo nos sentimos, es la decisión acertada y está avalada por la opinión de un profesional.

Por otra parte, es importante saber que la eutanasia no implica sufrimiento para el perro, porque queda dormido en cuestión de segundos y no sufre. Es una manera de evitar sufrimiento al animal y también a su dueño, ya que de lo contrario sería testigo de una desmejora paulatina y dolorosa de su compañero tan querido.

Como somos nosotros los que debemos tomar la decisión, se ponen en juego inevitablemente sentimientos y emociones profundas. Es recomendable compartir este proceso no sólo con un profesional que lo avale sino con personas de confianza que nos brinden apoyo y seguridad para evitar la confusión que implica el vínculo que nos une con nuestra mascota. Se requerirá de una gran dosis de objetividad y, si creemos que no podemos hacerlo solos, habrá que apoyarse en otros. También puede ser necesario que sea alguien de nuestra confianza el que lleve al animal a practicarle la eutanasia si sentimos que no podemos afrontarlo, despidiéndolo en casa. Sin embargo, de ser posible, es recomendable que sea su dueño el que esté con el animal hasta el último momento para que se sienta seguro y tranquilo.

Aunque resulte una obviedad, vale la pena aclarar que el animal no posee conciencia para darse cuenta de que va a ser sacrificado. Por lo que el último adiós será difícil solamente para su dueño. Debemos procurar que él se sienta tranquilo, acariciándolo y permaneciendo a su lado como lo hacemos siempre. Él no notará la diferencia.

No recomendamos llevar niños durante este proceso. Ellos no comprenderán con claridad la situación, sobre todo si son pequeños. Si tienen la edad suficiente es probable que comprendan que su mascota ya no va a estar más, pero no la eutanasia como decisión programada.

Recordemos que es importante brindar sólo la información que sea necesaria y acorde a la edad, pero sobre todo al nivel de comprensión del niño. Si bien es posible que comprendan el significado de la muerte, el significado de la eutanasia implica un nivel de experiencia que en la infancia no se tiene.

De forma que si se brinda información innecesaria, la situación puede generar en el niño sentimientos de culpabilidad, angustia y confusión, por lo que será tarea de los adultos explicar sólo lo necesario, obviando detalles que son prescindibles y no hacen a lo esencial. Se puede hacer hincapié en que la mascota está muy enferma y que debe ser llevada al veterinario, pero que es probable que ya no esté más.

A veces, las decisiones más difíciles y dolorosas son un verdadero acto de amor y generosidad, como ser que nuestra mascota se marche sin dolor y en paz. El apoyo de un profesional de confianza y de nuestros seres queridos no nos ahorrará el dolor, pero sí nos reconfortará.

 

 

Lic. Delia Madero
MN 41798

Psicóloga

Los temas trabajados en el presente artículo tienen como fundamento tratar el vínculo entre el ser humano y su mascota, desde una perspectiva psicológica aplicada a las personas. Temáticas relacionadas con el comportamiento animal tienen como objetivo únicamente ilustrar diferentes aspectos de dicha relación. Ante cualquier duda o consulta con respecto al comportamiento de su mascota no dude en consultar con la Dirección Veterinaria de DogRun o su profesional de confianza.

2 Comments

  1. Marilu dice:

    Hace año y medio, con mi hijo tuvimos que tomar el consejo del veterinario.- El Negro, nuestro perro ovejero tenía 15 años y problemas insalvables..- Los dos lo acompañamos en ese trance y no se imaginan lo que fue ( en este momento que escribo no puedo contener mis lágrimas) pero entendimos que así el dejaría de sufrir.- Alguien dijo que todos los perros van al cielo? él sin duda está allí

    • DogRun dice:

      Hola Marilu, muchas gracias por compartir tu experiencia con nosotros. Sin duda Negro está en el cielo. Abrazo enorme. 🙂

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