El veterinario: mucho más que un médico, un amigo

El 6 de agosto se celebra el Día del Veterinario en Argentina como recordatorio de la iniciación de la carrera en el país en el año 1883.

Me parece una linda y pertinente oportunidad de honrar el trabajo y la dedicación de todos estos profesionales a partir de una experiencia testimonial que me mostró el rol fundamental que desempeñan para las mascotas y sus dueños, que ponen en sus manos mucho más que la salud de su animal.

El otro día durante una sesión, un paciente me contaba con mucha alegría que su familia le había regalado por su cumpleaños un cachorro. Su entusiasmo dio lugar inevitablemente al recuerdo, no sin cierta tristeza, de su perra gran danesa fallecida un año atrás. Recordábamos lo difícil que había sido para él tomar la decisión de sacrificar a su fiel compañera luego de que haya padecido una enfermedad crónica en la piel durante años. Si bien recibía su tratamiento casi a diario, el cuadro había empeorado severamente y estaba sufriendo mucho. En más de una oportunidad durante el tratamiento habíamos hablado del tema, de lo difícil que le resultaba por momentos verla mal, del trabajo de atenderla, curarla, llevarla a las consultas con el veterinario.

A veces manifestaba cansancio y fastidio, lo que le generaba mucha culpa, aunque no iban en detrimento del amor que sentía por ella, sino que eran efecto inevitable de asumir con responsabilidad la situación de salud de su perra.

En todo momento se advertía que contaba con una profunda confianza hacia el veterinario, llevándola con frecuencia a controlarla, siguiendo sus consejos e indicaciones de cuidado con atención. La perra fue agravándose y mi paciente venía cada vez más preocupado y angustiado, comenzando a evaluar la posibilidad de una eutanasia, aunque le costaba solo mencionarlo.

En una oportunidad me dice que su perra había fallecido. Que ya estaba sufriendo mucho, que hizo todo lo que podía y tenía a su alcance, y que había confiado en el veterinario que le sugirió la eutanasia dada la gravedad del cuadro. Que difícil decisión, pensé para mis adentros, no sólo para mi paciente, también para el veterinario. Que complejo su rol, cuanta responsabilidad…me dejó pensando.

No puedo decir que el rol del veterinario estaba limitado a la atención médica y que el espacio de terapia estaba abocado a lo “emocional”. En más de una oportunidad el veterinario, según lo que él me contaba, le brindaba más que indicaciones concretas o protocolizadas. Llamarlo, o llevar a su perra y verlo funcionaban para él también como un modo de contención. Se notaba que existía allí un lazo tal que hacía que él confiara en él no sólo la salud de su mascota sino también algo más, que tiene que ver con eso que uno deposita en el otro cuando pone en sus manos algo que quiere mucho, y esta persona parecía digna de recibirlo y desde allí poder brindar su mirada profesional.

Es importante encontrar un veterinario calificado que trate a la mascota y oriente al dueño en diferentes aspectos se podría decir “técnicos” en cuanto a la salud y cuidado, pero no sólo eso cuenta.

Podía vislumbrarse que para mí paciente sus puntos de apoyo eran no sólo su familia y la terapia, sin o que había encontrado en el veterinario una persona con quien había establecido un lazo transferencial. La transferencia es una palabra grande que dice mucho, que permite mucho y que no va de suyo. Parecía que yo como psicóloga, y él, como veterinario, cada uno desde su especificidad, estábamos formando un equipo sin saberlo.

Desde ese momento pasó más de un año. Volvamos a la sesión del otro día. Me comenta que fue su cumpleaños, que notaba desde hacía unos días un movimiento extraño, cómplice, entre su familia. Está agotado. No duerme hace cuatro días…”me siento un padre” me dice emocionado. Le regalaron un cachorro que lo tiene loco. Comenta que lo tiene que llevar a darle unas vacunas al veterinario. Le pregunto a cuál vas? A uno cerca de tu casa? No… claro, que olvidadiza… “Voy al mismo de antes…y sí… Es un buen pibe, me hizo sentir bien, no lo dudo.”

No tengo mucho más que decir. Si supieran, quizás no lo saben, lo que significan. Que su escucha vale, que su palabra importa. Este es mi pequeño homenaje.

 

¡Feliz día del veterinario y veterinaria!

 

Lic. Delia Madero
Psicóloga
MN 41798

 

Los temas trabajados en el presente artículo tienen como fundamento tratar el vínculo entre el ser humano y su mascota, desde una perspectiva psicológica aplicada a las personas. Temáticas relacionadas con el comportamiento animal tienen como objetivo únicamente ilustrar diferentes aspectos de dicha relación. Ante cualquier duda o consulta con respecto al comportamiento de su mascota no dude en consultar con la Dirección Veterinaria de DogRun o su profesional de confianza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *