Experiencia DOGRUN, como corredor y médico veterinario

Un día como este pero hace 6 años el atleta que les habla se propuso correr el mítico maratón de 42km, una meta, lejana por cierto pero sirvió como palanca para levantarme con lluvia, frio o calor cada mañana. Más que un capricho, era un objetivo de vida para mejorar mi calidad de alimentación y establecer hábitos más saludables-.

Tarde casi 2 años en lograr lo que me propuse, con mucho sacrificio, cansado pero también con 10kg menos de peso, con mas musculo que grasa, mas oxigeno y la balsámica satisfacción de saberme superado física y mentalmente. Así me convencí con el tiempo que estamos hechos para correr y ese hábito saludable se transformó en una pasión.

Otro día como este el Médico Veterinario que también les habla se propuso mejorar la calidad de vida de sus pacientes a través del ejercicio. Y la meta fue la mítica y hermosa Dogrun, “la maratón de los perros” .Y esta vez el objetivo no era para mí, era para otros, mis pacientes, Sus problemas de sobrepeso, obesidad y trastornos de conducta asociados al sedentarismo fueron el disparador para generar ese cambio y mejorar su salud estableciendo hábitos saludables. Convencido que el deporte los iba a cambiar al igual que a mí, comencé a entrenarlos, a establecer metas logrables y a experimentar, primero con mi perra Prana y luego con otros pacientes, el placer de correr con ellos.

Son las 7am de un domingo cualquiera. Lila, mi paciente border collie, viene al borde de la cama. Escucho su cola moviéndose contra el piso. Un minuto después, suena el despertador. Pongo el agua para el mate. Sigue moviendo la cola. Bajo, coloco alimento en su comedero. Me mira. No quiere. Sigue moviendo la cola. Ahora mira hacia la puerta. Mientras pienso en voz baja cuanto vamos a correr hoy, tomo una fruta y miro hacia el perchero donde cuelga su pretal y su bebedero de tela.

El solo hecho de mirarlo hace que se potencie su ansiedad. Dame calle, dame mas, parece querer decirme con la mirada. Mueve la cola, nunca paro de moverse. Ato su correa a mi cintura, prendo el GPS y allí vamos. Su cuerpo al acecho, mirándome cada tanto. Salimos. Un pis y un par de paradas previas a la intensidad del trabajo. Sincronicidad, apego, vinculo natural, no hay nada forzado. La miro, me mira. No necesitamos hablar. Quiere agua, me vuelve a mirar, el ritmo es más lento, me lo hace saber. Disciplina, concentración y fuerza. Me estimula. Falta poco, y se agacha, comienza a olfatear que estamos volviendo. Terminamos, volvemos a la calma. Estiramos juntos, jugamos un rato con una botella de agua.

Luego me vuelve a mirar y a mover la cola. Entiendo que quiere su recompensa. Empatía, complicidad y placer. Yo se que ella está feliz y esa felicidad se siente como propia. Emociones compartidas. Después de cada domingo nuestra relación ya no es la misma. Se acaba el misterio. Nunca uno es el mismo después de correr junto a su perro.

 

Dejar expresar al animal que tenemos dentro. Ingenuidad y falta de condicionamientos, puro instinto y sensación de libertad. Cuando me preguntan cómo es correr con el perro yo siempre lo comparo con el instinto más común que existe entre nosotros los animales: el amor, cuando uno se enamora vive un estado de plenitud, inconsciencia, vuela, se traslada a lo más visceral de su ser y se manifiesta su instinto de manera única y maravillosa. Más sensible, más simple, uno va por la vida como si fuera un niño. Bueno, correr con tu perro es como volver a ser niño otra vez, no hay nada similar, esa sensación de unión, amistad y complicidad que tenemos con ellos normalmente, se multiplica a la hora de hacer deporte juntos.

¿Pero por qué?

Porque ambos somos animales que nacimos para estar juntos, y ambos estamos hechos para correr por eso nos sincronizamos y establecemos una simbiosis, un sinergismo potenciado natural.

Colocarle el pretal para salir a entrenar genera en ellos lo mismo que a nosotros ponernos las zapatillas nuevas. Adrenalina, endorfinas o dopamina. No importa, lo que si se es que somos diferentes cuando esto pasa. Entrenar o competir, caminar, trotar o subir el ritmo para alcanzar a otro perro en la hermosa Dogrun se tranforma en una meta corta, pero forjada desde el trabajo en equipo, voluntad y sacrificio juntos. Nos traslada a lo más básico e instintivo, a la ingenuidad y simplicidad de los gestos de la niñez, porque en definitiva somos eso; dos niños que van por el asfalto buscando el mismo objetivo. Jugar, divertirse y ser felices.

No solos. Juntos. Siempre juntos.

Baltazar Nuozzi

Médico Veterinario UNLP –  MP10033 –

baltavet@gmail.com 

Director Técnico Puppis ARG & Baltavet

Entrenador de Perros para Ejercicio

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