Se acerca navidad: ¿Un perrito para el arbolito?

En vísperas de Navidad, para muchos es una gran idea regalar un perro. ¿Por qué no? Es un regalo original y sorprendente, sin dudas, más si es para los más chicos de la familia. Nadie se perdería la cara de un niño al recibir un cachorro sorpresa. Pero regalar una mascota en fechas señaladas puede ser un error…

Las fiestas suelen dar lugar a conductas precipitadas, y cuando se trata de adquirir una mascota esto puede ser un gran problema. Apurarse a la hora de elegir un perro “para llegar a navidad” puede hacer que no evaluemos con el tiempo necesario y la responsabilidad que se merece tal decisión. La fecha en sí ejerce una presión que quizás incida demasiado y no permita evaluar el momento adecuado para traer una mascota al hogar. El tiempo del calendario no tiene por qué coincidir con el tiempo de una mascota. Si esto sucede, mejor, pero siempre hay que priorizar que el ejemplar esté disponible y sea su momento para llegar al hogar.

Una mascota puede ser un regalo, pero no un regalo como otros. De más está decir que un perro no es un objeto, aunque a veces vale la aclaración. Si no gusta, no queda bien o molesta no se puede devolver como una prenda de vestir. No viene con un ticket de cambio.

El tiempo promedio que un perro o gato regalado para las fiestas permanece dentro del núcleo familiar suele ser muy corto. Es frecuente que luego de la novedad inicial y el magnetismo que generan los cachorros aparezcan las obligaciones que implican la crianza de un animal y ya la sorpresa no sea tan divertida, lo que muchas veces tiene un desenlace poco feliz: dueños insatisfechos y perros abandonados o nuevamente regalados.

No todos estamos preparados para asumir la responsabilidad de tener una mascota a cargo, lo que implica no sólo cuidado, sino también atención y afecto.

Tampoco se puede obligar a otro a aceptar dicha responsabilidad porque uno considera que es una idea genial que tenga una mascota. Regalar un perro en estas condiciones es una jugada demasiado arriesgada. El factor sorpresa en este caso, no es lo más adecuado. Antes de tener una mascota, la persona debe estar decidida y preparada, aunque se pierda la emoción de “ser sorprendida”. La sorpresa puede buscarse de otra manera, con otras cosas.

Cuando se trata de los más chicos, es innegable que resulte muy tentador aparecer con un perrito en el arbolito. Por más que existan buenas intenciones, se corre el riesgo de que el regalo equipare al animal con un objeto, lo que no es deseable ya que le resta a la mascota su valor de ser vivo con todo lo que ello implica. Pensemos que es mucho más deseable acompañar la llegada de una mascota a la familia de todo el proceso de preparación, enseñándoles a los niños sobre la responsabilidad que conlleva la decisión, aunque ello nos prive del “efecto sorpresa”.

Seamos criteriosos a la hora de pensar en regalar una mascota, ya que no es cualquier regalo. Tiene que ser consensuado, requiere de una preparación previa y de la asunción de las muchas responsabilidades que ello implica. Sólo así le estaremos dando a alguien la mejor sorpresa: le estaremos regalando a una mascota un verdadero dueño.

Lic. Delia Madero
Psicóloga
MN 41798

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