Desafío de verano: Vencé el miedo al agua gracias a tu perro

El miedo es un sentimiento producido por un peligro presente e inminente, ya sea real o no. Se trata de una señal emocional de advertencia de que se aproxima un daño físico o psicológico. Es una herramienta de autoprotección ante estímulos peligrosos y sirve como mecanismo de supervivencia para adaptarse al medio.

 

A veces, el miedo se vuelve demasiado intenso, desproporcionado, persistente y además… irracional. En ese caso ya podemos hablar de una fobia, y concretamente en el caso del miedo al agua, una fobia especifica: la hidrofobia. Pero no necesariamente se tiene que llegar a desarrollar una hidrofobia propiamente dicha para que el miedo al agua represente un obstáculo lo suficientemente molesto y limitante, sobretodo en época de vacaciones de verano.

Hay mucha gente que soporta estos padecimientos pensando que no tienen solución o que no merecen ser tratados, y viven toda su vida sufriéndolos, adaptándose a ellos y limitando significativamente sus actividades.

Frecuentemente el miedo al agua es el resultado de haber recibido en la infancia una influencia negativa con respecto al tema, dando por resultado que el niño se vuelva receptor de los miedos de los adultos. También puede suceder que haya ocurrido un evento traumático o estresante relacionado con el agua, entonces cada vez que el sujeto tiene contacto con ella se genera un recuerdo de aquella experiencia desagradable.

Para poder superar esta dificultad, ya sea que se trate de un niño o un adulto, primero hay que evitar exponer a la persona a un afrontamiento directo y forzado. La clave es acompañar con paciencia y transmitir seguridad y tranquilidad.

Existen varios tratamientos aplicables a las fobias específicas y que han dado buenos resultados, como lo es la terapia de exposición, la desensibilización sistemática, la terapia cognitiva. Más allá de que existen estos tratamientos “tradicionales”, las estrategias o herramientas que uno puede utilizar para vencer sus miedos son infinitas y a cuanto más creativas, mejor.

Como hemos visto en notas anteriores, los perros muchas veces funcionan como herramientas de apoyo para desarrollar o fortalecer diferentes aspectos de la personalidad y para superarse a sí mismo. Los casos más conocidos son los perros utilizados por personas no videntes o con diferentes tipos de discapacidades, o en casos de autismo por ejemplo. Pero también hemos visto cómo los perros pueden ayudarnos a levantar nuestro ánimo, a realizar deporte, a hacer nuevos amigos.

De la misma manera pueden colaborar en que logremos vencer el miedo al agua. Salvo casos particulares, en general los perros disfrutan mucho del agua, sobretodo algunas razas como los labradores.

¿Cómo pueden ser de nuestra ayuda en estos casos? Ante todo será fundamental que se trate de un perro que disfrute del agua y no le tema. El animal es compañía. No es lo mismo estar en una situación que genera estrés y ansiedad nosotros solos que con alguien. Pero este alguien tiene características singulares que lo hacen diferente, no es lo mismo que estar con una persona. El perro no genera presión, no obliga. Ante otra persona uno se puede sentir “demandado” a tener que superar el miedo para no desilusionar al otro o no pasar vergüenza. Con un animal eso no ocurre.

Por otra parte, el animal posee un instinto fuerte de supervivencia que hace que naturalmente evite situaciones de riesgo. Por lo que va a interactuar en el agua de manera prudente, siempre acorde a su capacidad de nado y flotación. Es decir, no va a exponernos a situaciones de riesgo porque él no lo va a hacer para él mismo, por lo que es alguien en quien se puede confiar, pues sabe ponerse límites.

El perro genera un clima lúdico que es el ideal para atravesar una situación estresante con el menor nivel de ansiedad posible. Es una manera de descentrar nuestra atención de las fantasías surgidas a partir de lo que genera el agua y poder alcanzar un clima de mayor relajación.

Él va a mostrarse, sin saberlo, como un “modelo”, dado que al interactuar de manera muy natural con el medio acuático nos permitirá ir acrecentando nuestra confianza, sabiendo que no hay nada que temer.

Estos son algunos de los beneficios que trae el compartir un miedo con nuestra mascota, seguramente son muchos más. Sin duda afrontar situaciones desafiantes en compañía de nuestro perro nos permitirá transformar una situación que siempre nos generó malestar y estamos acostumbrados a evitar, en un momento agradable para compartir.

 

 

Lic. Delia Madero
Psicóloga
MN 41798

 

Los temas trabajados en el presente artículo tienen como fundamento tratar el vínculo entre el ser humano y su mascota, desde una perspectiva psicológica aplicada a las personas. Temáticas relacionadas con el comportamiento animal tienen como objetivo únicamente ilustrar diferentes aspectos de dicha relación. Ante cualquier duda o consulta con respecto al comportamiento de su mascota no dude en consultar con la Dirección Veterinaria de DogRun o su profesional de confianza.

 

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