Decisiones difíciles (Parte II): Perros exiliados

Las circunstancias en las que uno decide tener una mascota no siempre se mantienen a través del tiempo. Es más, suelen cambiar bastante, haciendo que la dupla “dueño-mascota” vaya atravesando diferentes situaciones. Es común que haya mudanzas, que lleguen nuevos integrantes a la familia, nuevas mascotas, a veces se comparten viajes, otras nuestra mascota tiene que quedar al cuidado de algún familiar o conocido porque estamos de viaje y no la podemos llevar. Nuestro perro, como un fiel compañero, va acompañando las diferentes etapas que, como dueños, nos tocan vivir.

Sin embargo, este “acompañarse” no siempre funciona, y así como ocurre en las crisis de pareja, la dupla entra en crisis. Existen circunstancias de la vida que hacen que nos encontremos evaluando que ya no va a ser posible tener más a nuestro perro. Tales circunstancias son de naturaleza variada, siendo los motivos infinitos, y cada caso especial. Frecuentemente tiene que ver con condiciones habitacionales, en las que por alguna razón el lugar en el que vivimos ya no es el adecuado para nuestra mascota. Otras veces se da una situación tan particular como la de Marisa, mamá de Tomás, que cuenta: “Cuando se enfermó mi hijo menor, tuvimos que dejarle a nuestro border collie a una prima mía que vivía en una quinta”. Su hijo, por razones médicas, no podía convivir más con animales en su casa. En otros casos se trata de un viaje extenso, o quizás una mudanza, donde el dueño se ve imposibilitado de llevar consigo a su mascota y lo debe dejar al cuidado de otra persona por tiempo indeterminado.

Como dijimos antes, los motivos pueden ser muchos y de lo más variados. La línea es delgada cuando se trata de diferenciar una situación en la que por fuerza mayor le es imposible al dueño continuar haciéndose cargo de su mascota, de aquellos casos en los que el plan de “tener perro” ya no resulta tan atractivo y darlo a otra persona parece ser la solución. Más allá del por qué, toda decisión requiere ser considerada siempre en función del bienestar del animal como prioridad.

Pensar en el bienestar del animal es mucho más complejo y delicado de lo que parece. Como hemos mencionado en varias oportunidades adquirir un perro es adoptarlo, con todas las responsabilidades inherentes a ello, por el tiempo que viva ese animal. Cada caso es singular, y es difícil evaluarlo con objetividad. Como bienestar no sólo nos referimos a que esté en un espacio físico acorde a lo que necesita. No sólo un “espacio verde” o un departamento amplio cubren las necesidades de un perro. También debemos procurar que su entorno afectivo sea el adecuado, respetando y valorando los vínculos de confianza y apego que el animal ha desarrollado.

Los perros son seres territoriales y de costumbre, cambiarlos de hábitat es mucho más complejo para ellos que lo que para nosotros implica mudarnos. Los lugares, las personas, incluso los olores, son lo que a él le dan confianza y seguridad. Cambiar su entorno conocido va a requerir de un período de adaptación, que para él no va a ser fácil.

Debemos evaluar la situación a conciencia y con la seriedad y responsabilidad que se merece. Si por diversos motivos nos vemos enfrentados a la dura decisión de tener que dar a nuestro perro en adopción, es importante que evaluemos todos estos factores, no solamente que tenga casa y comida apropiadas, sino que el lugar donde viva sea un verdadero hogar.

Lic. Delia Madero
delia@dogrun.com.ar

Los temas trabajados en el presente artículo tienen como fundamento tratar el vínculo entre el ser humano y su mascota, desde una perspectiva psicológica aplicada a las personas. Temáticas relacionadas con el comportamiento animal tienen como objetivo únicamente ilustrar diferentes aspectos de dicha relación. Ante cualquier duda o consulta con respecto al comportamiento de su mascota no dude en consultar con la Dirección Veterinaria de DogRun o su profesional de confianza.

 

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