Hacer deporte: Un antídoto contra el invierno

No es novedad que a todos nos cuesta mantener la rutina de actividad deportiva que veníamos sosteniendo una vez que se aproxima el invierno. El frío y los días que se hacen más cortos, las ganas de estar en casa “invernando” parecen ser directamente proporcionales a la pereza que se va incrementando a medida que se acerca el 21 de junio. El cansancio después de un día largo de trabajo o estudio se vuelve la excusa ideal. Existen múltiples razones que inciden en esta falta de voluntad que parece inevitable en esta época del año. Encarar las zapatillas se vuelve cuesta arriba. Es un fenómeno más complejo de lo que creemos.

La vida que “civilizada” que llevamos parece hacernos olvidar que seguimos siendo mamíferos y como tales, nuestro organismo responde a los ciclos de la naturaleza. En invierno, tanto los animales como las plantas tienden a recogerse. La vitalidad parece disminuir por la menor cantidad de luz y temperatura, pero en realidad la vida sigue más internamente que externamente. Todo se prepara para resurgir de nuevo en la primavera. Algo parecido nos pasa a los seres humanos, sólo que tenemos la capacidad de desafiar al invierno manteniendo nuestras rutinas de actividad deportiva, pero con mayor esfuerzo debido a que los efectos del entorno en nuestro cuerpo y psiquismo.

A nivel psicológico, esta época del año puede llegar a influir de manera tal que muchas personas se ven afectadas por tristeza propia de estos meses. De hecho, algunas de ellas sufren una dolencia denominada desorden afectivo estacional, cuyos síntomas comienzan al final del otoño. Los síntomas más comunes de la melancolía invernal son: falta de energía y letargo; aumento del apetito y aumento de peso (debido a un ansia por consumir hidratos de carbono), apatía sexual y cambios repentinos en el estado de ánimo, etc. Es posible que esto se deba a la reducción de luz natural y las bajas temperaturas. ¿Por qué?

Cuando el invierno se acerca, las horas de luz empiezan a disminuir junto con la temperatura. Todo esto empieza a provocar cambios en el funcionamiento de nuestro cuerpo afectando nuestros biorritmos en especial el ritmo circadiano, conocido también como ritmo diario o ritmo de 24 horas. Al haber más oscuridad, el cuerpo produce en mayor cantidad una hormona llamada melatonina, y esto causa adormecimiento. Los centros de control del cerebro, que determinan los cambios de humor y el ritmo diario del organismo, están gobernados en parte por la luz que entra por los ojos.

Los niveles del neurotransmisor dopamina aumentan cuando la luz golpea el fondo del ojo. Se piensa que la dopamina mejora la concentración y el estado de alerta, de modo que en los meses oscuros, cuando los niveles de dopamina bajan, se producen el letargo y la falta de energía. Esto hace que las personas se sientan con más sueño y se relajen muscularmente, afectando el estado de ánimo y la motivación, por ende disminuyendo las ganas de hacer actividad física.

Por otro lado, la falta de luz disminuye la producción de serotonina, que actúa sobre todo como neurotransmisor ejerciendo una gran influenci
a sobre el sistema psiconervioso, por lo que frecuentemente se la denomina “hormona del humor”. La serotonina se condiciona a la luz que recibe del organismo, lo que conlleva un aumento progresivo del bienestar y la felicidad con mayor estimulo sexual. Hacer ejercicio produce serotonina…un antídoto contra el invierno.

Todos estos cambios van generando una falta de motivación que va produciendo un círculo vicioso, porque al tener pocas ganas, en conjunto con el frío del medio ambiente, preferimos estar en lugares cerrados donde exista una mayor temperatura. Y a su vez, al no va a estar en contacto con la luz del día sino más bien con una iluminación artificial que es biológicamente insuficiente, tendremos poca iniciativa para salir del encierro, prefiriendo quedarnos acostados, seguir sentados frente a un escritorio, viendo televisión, estar conectado a Internet, etc., es decir optando por el sedentarismo.

Nuestro ajetreo diario hace que nos quede poca energía para hacer ejercicio. Aunque paradójicamente, hacer actividad deportiva aporta energía a nuestro organismo. ¿Nunca sentimos que el deporte nos activa? Esto se debe no sólo a razones orgánicas como las anteriormente descriptas, sino también psicológicas y motivacionales. La idea de vernos activos nos da más ganas de seguir. Los beneficios físicos y psicológicos de la actividad deportiva son innumerables. Pero más lo son en época invernal.

La actividad física es un antídoto contra el invierno, para el cuerpo y la mente.

Lic. Delia Madero
Psicóloga
MN 41798

Los temas trabajados en el presente artículo tienen como fundamento tratar el vínculo entre el ser humano y su mascota, desde una perspectiva psicológica aplicada a las personas. Temáticas relacionadas con el comportamiento animal tienen como objetivo únicamente ilustrar diferentes aspectos de dicha relación. Ante cualquier duda o consulta con respecto al comportamiento de su mascota no dude en consultar con la Dirección Veterinaria de DogRun o su profesional de confianza.

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