Educación en valores: la PLAY VS. la mascota

Vivimos en una sociedad que invita, tanto a adultos como a los más chicos, a la acumulación de objetos para consumo. Estos objetos prometen y garantizan satisfacción inmediata, un remedio para el aburrimiento, una fuente constante de estimulación, colorida y ruidosa.

Los niños son los más vulnerables a este bombardeo, permeables a esta oferta incesante, generando como contrapartida en ellos una demanda insaciable: nunca nada alcanza. Videojuegos, pantallas, juguetes cada vez más sofisticados, ruido, movimiento constante. Los chicos son el blanco ideal para consumir lo que está al alcance de la mano y así obtienen un modo supersencillo e instantáneo de diversión, para luego acostumbrarse con rapidez y frustrarse inevitablemente.

Este círculo vicioso poco tiene que ver con el verdadero valor del juego en la infancia, pensada como una actividad fundamental y estructurante en la psiquis. Para que haya juego es importante que se brinde un lugar, un tiempo, en lo que el adulto tendrá un rol fundamental. El juego es una actividad creadora y universal, que facilita el crecimiento, conduce a las relaciones de grupo, permite la sociabilización y le da al niño la llave para incorporar y entender el mundo que lo rodea, pero lo hace a su medida: jugando. Pero no cualquier tipo de juego tiene este valor.

La relación que establece un niño con su objeto de “juego”, cuando este es electrónico, puede terminar siendo de puro uso, incluso abuso. Lo prende, lo usa, lo apaga. Si se rompe, se enoja, se frustra, lo tira, lo reemplaza. Si se ofrece un nuevo modelo, suele pasar que olvida el que tiene, lo desprecia, ya no sirve. Aprende rápidamente las leyes del mercado y estrategias para convencer a los más grandes de lo importante de tener uno nuevo.

En este panorama virtual donde los compañeros de juego se vuelven anónimos, una mascota es una propuesta que los adultos pueden ofrecer a sus hijos y que implica una diferencia radical.

Primero y principal, no es un objeto, es un ser vivo. Un animal que requiere cuidado, atención, cariño, estimulación. Es un “otro” con el que establecerá un vínculo que puede ser muy gratificante. Es para el niño un desafío que pone en juego, jugando, otras variables que las del consumo. Los cachorros no se prenden y apagan, no se cambian si se rompen, no se reemplazan por modelos nuevos. Una mascota no puede ser manejada o tratada a su antojo. Generan un “ida y vuelta”, diferente al de la máquina.

Con el ejemplo de los adultos, son un vehículo que permitirán inculcar a los más chicos los valores más preciados y fundamentales para su crecimiento y educación. Acompañan su desarrollo psíquico y emocional, brindan la posibilidad de un modo de relacionarse diferente al que se establece con los objetos.

La mascota es compañera indiscutida de juegos, es un puente de socialización con otros, ayudando particularmente en aquellos casos donde es necesario fomentar este aspecto en el niño. Fortalece el autoestima, ya que el niño en tanto “pequeño dueño” tiene a su cargo responsabilidades para con su mascota, aprendiendo valores como la responsabilidad que implica su cuidado y atención, a la vez que recibe de ella constantes muestras de afecto y gratitud si se logra establecer entre ambos un buen vínculo de reciprocidad, lo que en el caso de los perros es relativamente sencillo.

Tal vez se piense que los humanos somos los que estamos continuamente enseñando y educando a nuestras mascotas. Esto es cierto, pero en parte. Ellas nos enseñan mucho, sobre todo cuando se trata de los más chicos.

Lic. Delia Madero
MN 41798

Los temas trabajados en el presente artículo tienen como fundamento tratar el vínculo entre el ser humano y su mascota, desde una perspectiva psicológica aplicada a las personas. Temáticas relacionadas con el comportamiento animal tienen como objetivo únicamente ilustrar diferentes aspectos de dicha relación. Ante cualquier duda o consulta con respecto al comportamiento de su mascota no dude en consultar con la Dirección Veterinaria de DogRun o su profesional de confianza.

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