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 |  10 años de historias

Samba y Lorenzo

Publicado por DOGRUN el 03/03/22
Hoy presentamos a dos amigos de nuestra familia: Samba y Lorenzo. Ellos fueron y serán “amigos de la casa”. Los elegimos porque representan ejemplo de equipo, representan los valores que sostienen e inspiran cada día a los que formamos parte de DogRun. Conozcamos su historia.

Recuerdo el día que llegó a mi casa, era muy tímida y tranquila, tanto que pensé llamarla “Calma”. A los 4 o 5 días mostró su verdadera personalidad, y pasó rápidamente a llamarse Samba. Además nació en Enero, y en esa época sonaba mucho la canción “Samba di Janeiro”, que es su nombre completo.

Era la primera vez que tenía un perro propio. En casa de mi madre teníamos una labradora también muy especial, llamada Pepina, pero Samba vivió sola conmigo en mi departamento de soltero desde un comienzo.

La raza Labrador es muy popular, y creo que es por sus características. Tienen un sentido de compañerismo especial y una forma de acompañarte única. Son un poco demandantes, claro, y muy activos. Samba en particular, era hiperactiva -esto tal vez heredado de mí-, fanática de correr, saltar y especialmente nadar y barrenar en el mar.

Ella le caía muy bien al 89% de la gente y al restante 11% la volvía loca. Era muy independiente y caradura. Jamás usó correa en su vida excepto en casos en que a alguien podría molestarle. Preferí educarla desde muy chica y su inteligencia hizo el resto. Ella participó en todas las ediciones de DogRun, fue “fundadora”, además de ser imagen de la marca en varias de las publicaciones, salir en TV y todo tipo de medios promocionando DogRun . ¡Era famosa!

Samba me acompañó mucho en un momento muy difícil de mi vida, donde además de un reciente divorcio pasaba por una crisis profesional y personal. Me di cuenta que necesitaba una pausa para volver a centrarme.

Obviamente en esa época mi única compañía era ella, mi mejor amiga. De manera que nos subimos a mi camioneta con la idea de hacer un viaje especial, en soledad absoluta ambos, intentando interactuar lo menos posible con ningún otro ser humano: solamente con la naturaleza. Fue así que nos embarcamos juntos en la camioneta especialmente preparada a recorrer todo el centro y la costa norte uruguaya, sin ningún tipo de hospedaje que no fueran la caja y el interior de la pick-up. Llevamos todo lo necesario, incluido un tambor gigante de agua para tomar y bañarse. ¡Éramos autónomos! No requeríamos de interacción verbal ni comercial con nadie, excepto para cargar nafta.

Nos dedicamos a mirar el cielo, el mar, los campos y el sol, surfear yo y barrenar ella, en total contacto con la naturaleza, durmiendo, cocinando, comiendo y viviendo a cielo abierto. Un viaje de sólo 10 días, pero inolvidable y muy reparador.

Ese viaje fue muy importante para mí: significó renovar nuestro vínculo, que siempre había sido muy fuerte, sentir que alguien era totalmente fiel a vos y viceversa. También busqué la simpleza total en el viaje, liberar todas las complejidades inútiles que arrastramos sin darnos cuenta en la vida.

Samba siempre fue para mí ejemplo de simpleza, fidelidad, buen humor, simpatía, pilas, cariño, y otras virtudes que no se suelen encontrar de manera estable en humanos.

Tengo algunas anécdotas con ella: una vez me alojé sólo en un hotel en Mar del Plata donde obviamente no podía entrar con la perra. Estaba en un piso 9 y decidí atarla cerca de la puerta de entrada y dejarle su plato con agua. Nunca paró de ladrar, ladraba una vez cada 10 segundos. Preocupado porque me echaran del hotel, bajé varias veces a intentar convencerla de que no ladrara…no había caso. Cada vez que me iba empezaba a ladrar. Decidí que debía soltarla, sabiendo que si se iba, seguro volvería. Además en todo caso, tenía chapita con nombre y teléfono. Lo hice. Paró inmediatamente de ladrar, y a la mañana siguiente me contó el sereno del hotel que nunca se movió del lugar. Solamente me pedía que no la dejara atada.

A veces nuestras propias inseguridades torturan a otros (perros o no). Gran lección que aprendí ese día.

Otra vez, teniendo Samba ya 10 años de edad, no lograba que bajara de peso, a pesar de que comía alimento light y hacía muchísimo deporte. Después de un par de meses engordando, la llevé al veterinario, quien apenas entré al local me dice: “¡QUÉ CARA DE PREÑADA TIENE ESA PERRA!”. De ahí al ecógrafo y sí: estaba preñada de 3 cachorros. Ahí nació Mambo, y su hermana Rumba que la regalé a mi amigo Mencho. El tercer cachorro murió, por lo cual hubo que hacer cesárea y vaciar a Samba, que estoicamente soportó todas las etapas.

¿Qué significó Samba para mí?

Mi Mejor Amiga. Indiscutible, por siempre. Tener mascotas le aportó sin dudas muchísimo a mi vida. Son relaciones únicas.

Samba y Lorenzo