Ser más animales

¿Qué es ser animal? Lo primero que surge probablemente este asociado  a cierta idea de brutalidad, de salvajismo, aquello que históricamente el ser humano se empeñó (y aun lo hace) en domesticar y dominar. Modular, controlar las “conductas animales” siempre fue sinónimo de triunfo del hombre sobre la naturaleza.  En el lenguaje cotidiano la expresión de “ser un animal” no comporta precisamente un elogio.

La idea de “lo domesticable” es sinónimo de docilidad, de lo que deja de representar un peligro y puede de alguna manera “convivir” con nosotros civilizadamente. Esta construcción determina que por opuesto, encontraremos todo lo que se considere no domesticable, y que probablemente esté ligado a lo salvaje, peligroso, impredecible. Paradójicamente estas cualidades se acercan a la naturaleza en su estado más puro, pero sin duda no le hacen justicia.

Pienso en los animales “domesticables” pero que por alguna razón, que probablemente etólogos sin duda explicarán con mucha precisión, se resisten a la domesticación y que tienen un destino complicado. Caballos que por su bravura son destinados a jineteadas, a veces sacrificados, ya que “no sirven para andar de paseo o trabajar”. Perros “malos” que no encuentran un lugar posible.

La domesticación ha permitido sin lugar a dudas el avance del hombre en diferentes aspectos. Si bien hoy en día el uso del animal como fuerza de trabajo ha mermado, el animal de compañía ha ido reemplazando su lugar.

Convivimos con ellos, los amamos, los llamamos “mejores amigos del hombre”, los cuidamos de la mejor manera posible.

Sin embargo, hay algo de “lo animal”, que siempre nos hizo ruido, nos incomodó, atemorizó. Esto no es nada nuevo. Lo “civilizado y lo salvaje” representa una dicotomía que persiste en el imaginario social de muchas maneras,  y no me refiero necesariamente a la oposición entre animales y humanos. ¿Acaso no nos descoloca alguna conducta de nuestra mascota que escape a nuestro control, impredecible, fuera de lo que le enseñamos con empeño? Probablemente esta esté ligada a lo más natural que hay en nuestros animales, que persiste e insiste. ¿Por qué nos incomoda o nos atemoriza?

Busco la definición de “mascota” en el Diccionario de la Real Academia Española: Persona, animal o cosa que sirve de talismán, que trae buena suerte / Animal de compañía / Sombrero flexible.

Me decepciona un poco lo que encuentro. Me resulta pobre, con gusto a poco. ¿Eso es nuestra mascota?

Nos cuesta mirar a nuestros animales. En nuestro afán de ordenar, corremos el peligro no sólo de convertirlos en humanoides sino en perdernos lo más precioso en ellos, su animalidad. Y en ese punto, somos nosotros, no las “bestias”, los que nos volvemos peligrosos…cuando olvidamos la naturaleza de nuestras propias mascotas.

Nos esforzamos en que se porte bien, cumpla horarios, no muerda, coma el alimento, se siente, agarre la pelota, responda al nombre que le ponemos, le hablamos en inglés.

Le buscamos una pareja para que se aparee, la que nosotros elegimos. Nos frustramos si “nada sucede” ya que “es el novio/a ideal, tiene papeles” y nos imaginábamos unos cachorros de estirpe impecable. Y como nos disgustamos si nos enteramos “que cometió el agravio de preñarse con el perro del vecino marca perro. ¿Qué saldrá de ahí? Empezamos a regalar los 12 cachorros, la castramos. Odiamos al perro del vecino, y al vecino.

Queremos que no tenga olor a perro. Que no largue pelo. Que pare de ladrar tanto, que use ropa. ¿Zapatos? ¿Por qué no? Le quedan tan simpáticos! Le teñimos el pelo, le cortamos la cola, le operamos las orejas.

Vemos, pero no miramos. Mirar es prestar atención a lo que se ve. Observar, detenerse.

Los animales son animales. Y desaprovechamos su animalidad “bestial”, lo más rico que tienen para aportarnos a nuestra humanidad domesticadora.

Quizás si miramos más, descubriremos rutinas secretas, comportamientos que quizás nos parezcan extraños y en tengan un motivo, probablemente para nada errático. La naturaleza no hace nada sin un propósito. Sólo eso nos pasa a nosotros, humanos.

Miremos, a ver que observamos. Sorprendámonos de su animalidad. Aprendamos de ella. De su reloj solar, de su aspecto más rudimentario y simple. De su comportamiento espontáneo, de cómo curan sus propias heridas. De lo simple de jugar con un palo. De su olfato que no se equivoca. De cómo adaptan su cuerpo a las circunstancias sin transformarlo inútilmente.

Aprendamos de sus enojos, observemos que los enfurece, que los entusiasma, que los atemoriza, que los pone en alerta.

Volvamos a ser más animales.

Lic. Delia Madero

Psicóloga

MN 41798

Los temas trabajados en el presente artículo tienen como fundamento tratar el vínculo entre el ser humano y su mascota, desde una perspectiva psicológica aplicada a las personas. Temáticas relacionadas con el comportamiento animal tienen como objetivo únicamente ilustrar diferentes aspectos de dicha relación. Ante cualquier duda o consulta con respecto al comportamiento de su mascota no dude en consultar con la Dirección Veterinaria de DogRun o su profesional de confianza.

6 Comments

  1. Maria Eva dice:

    Muy buena la nota de la lic.
    Aprendamos de ellos y sigamos dándole mucho amor!!!
    Yo aprendo cada dia de mi siberiana que adopte hace 6 años.a

  2. Cecilia Dibar dice:

    Hola Delia, lindisimo el articulom muy emotivo. Gracias por abrirme un poco mas los ojos. Voy a mirar mas a Bubba, mi compañera perruna. Abrazo enorme

  3. Gabriela Razzitte dice:

    SER MÁS ANIMALES: QUE HERMOSA NOTA, SEAMOS MUCHO MAS ANIMALES!!!!!!!

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