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 |  Psicología y comportamiento

Desafío: la play vs nuestro animal de compañía

Publicado por DOGRUN el 15/02/22
Cuando se trata de juegos y juguetes los más chicos son los más vulnerables y una presa fácil a la oferta actual de estímulos y objetos de consumo generando un efecto muy indeseado: todo aburre rápido, no hay tiempo para la creatividad, nada alcanza. Las consecuencias en la construcción de la subjetividad son muy negativas. Niños hiperactivos, frustrados, caprichosos. Por otro lado, padres saturados e impotentes. Parece que hoy en día es mala palabra aburrirse, cuando muchas veces sostener un poco ese “momento” es lo que luego da lugar a actividades de lo más imaginativas.

Videojuegos, pantallas, juguetes cada vez más sofisticados, ruido, movimiento constante. Los chicos son el blanco ideal para consumir lo que está al alcance de la mano y así obtienen un modo sencillo e instantáneo de diversión, para luego acostumbrarse con rapidez y frustrarse a igual velocidad.

Esta actividad ansiosa poco tiene que ver con el verdadero valor del juego en la infancia, una actividad fundamental y estructurante en la psiquis.

El juego es una actividad creadora y universal, que facilita el crecimiento, conduce a las relaciones de grupo, permite la sociabilización y le da al niño la llave para incorporar y entender el mundo que lo rodea, a su medida: jugando. Pero no cualquier actividad tiene valor lúdico. Muchas veces se trata de una pura descarga que no da lugar a algo creativo y creador.

Los animales, una propuesta diferente

Un animal requiere cuidado, atención, cariño, estimulación. Es un otro real. Es para el niño un desafío que pone en juego otras dimensiones, ayudando a los más chicos a aprender lo que es ser responsables por el cuidado y el respeto a la vida. Los cachorros no se prenden y apagan, no se cambian si se rompen, no se reemplazan por modelos nuevos.

Un animal de compañía en casa es compañero de juegos, es un puente de socialización con otros, incluso puede ser de gran ayuda para algunos chicos que presenten dificultades en su desarrollo cognitivo, emocional o motriz.

Fortalece el autoestima, ya que el niño en tanto “pequeño dueño” tiene a su cargo responsabilidades para con su este, aprendiendo valores como la responsabilidad que implica su cuidado y atención, a la vez que recibe de ella constantes muestras de afecto y gratitud si se logra establecer entre ambos un buen vínculo de reciprocidad, lo que en el caso de los perros suele darse con facilidad.

Con el ejemplo y la guía de los adultos, tener un animal en la casa puede ser una posibilidad de abrirse a otro tipo de juegos y aprendizajes. Y puede ser una gran ayuda de poner pausa el vicio electrónico.

Lic. Delia Madero
Psicóloga
MN 41798
[email protected]

Los temas trabajados en el presente artículo tienen como fundamento tratar el vínculo entre el ser humano y su mascota. Temáticas relacionadas con el comportamiento animal tienen como objetivo únicamente ilustrar diferentes aspectos de dicha relación. Ante cualquier duda o consulta con respecto al comportamiento de su mascota no dude en consultar con su veterinario de confianza.