Una familia con corazón:  Reyna y sus 3 perritos 

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“Su compañía me ha transformado profundamente, enseñándome a disfrutar más de la vida y a valorar los momentos simples.”

Mi nombre es Reyna, tengo 39 años y vivo en Caballito junto a mis tres hijos perrunos que son parte fundamental de mi vida. Soy nutricionista y terapista ocupacional. Me considero una persona multifacética, curiosa, con ganas de crecer y aprender.

Nací en Bahía Blanca donde viví hasta mi adolescencia, momento en el que me mudé a Mar del Plata para estudiar. Luego me establecí en Capital, donde resido actualmente.

Colaboro activamente con refugios de animales y en un merendero infantil, donde participo de manera frecuente para brindar ayuda. Me gusta sentirme comprometida y ser solidaria.

Cómo fueron llegando

Margaret llegó a mi vida en 2011 mientras estudiaba en Mar del Plata. Un criadero la había descartado creyendo que tenía problemas de salud, ya que tenía partes del cuerpo sin pelito. La dejaron abandonada en una caja de zapatos en un descampado. Al salir de la universidad la encontré y decidí llevarla a un veterinario, donde comenzó su tratamiento y cuidados. Desde entonces se convirtió en mi primera gran compañera.

Zanahoria apareció años después, llevaba meses en adopción sin que nadie preguntara por ella. Ese mismo día me contacté con el refugio y fui seleccionada para adoptarla. En 2019 llegó a casa, llenando de alegría a Margaret y a mí. Cuatro años más tarde, falleció debido a su edad adulta. Fue un golpe muy duro, tanto para mí como para Margaret, que se entristeció mucho por la pérdida de su hermanita.

En ese contexto llegó Tiziano, un galgo adoptado de un refugio especializado. Tras pasar nuevamente por el proceso de selección, en octubre de 2021 se sumó a la familia. Su llegada trajo consuelo y renovó la energía en casa, ayudándonos a transitar el duelo con más amor y compañía.

Finalmente, el último integrante fue Felipe, al verlo en una publicación me enamoré de inmediato y decidí agrandar la familia. En junio de 2024 llegó a casa, consolidando este hogar lleno de cariño y solidaridad.

Detrás de cada nombre siempre hay una historia de amor

Cuando encontré a Margaret en aquella cajita no tenía nombre. Decidí llamarla así porque me gustan mucho las margaritas, y además me encantaba cómo sonaba. Ese nombre le dio identidad y dulzura desde el primer día.

Zanahoria venía con ese nombre desde el refugio. Como era una perrita adulta y ciega, preferí no cambiárselo para no confundirla. El nombre se lo habían puesto por su pelaje naranjita, y me pareció perfecto para ella.

A Tiziano en el refugio lo llamaban Ron, pero ese nombre no me convencía. Siempre me había gustado el nombre Tiziano, lo sentía más tierno y especial. Desde entonces, Tiziano se convirtió en parte de nuestra familia con un nombre que realmente lo representa.

Felipe fue rescatado con el nombre Pelón, pero noté que no respondía a ese llamado. Quise darle un nombre elegido por mí, uno que tuviera más calidez. En esos días venía escuchando mucho el nombre Felipe y me gustaba cómo sonaba, así que lo adopté para él. Hoy siento que ese nombre le dio una nueva identidad llena de cariño.

En esta familia ensamblada cada cual tiene su estilo

Margaret es súper compañera y tiene mucha personalidad. Ama los paseos y ser el centro de atención, siempre buscando mimos. Su juguete preferido son las pelotitas de tenis y es muy glamorosa: posa como una verdadera modelo. Le encantan los abrazos, los besos y los premios. Tiene un rasgo muy especial: un lunar con forma de corazón. Es muy sociable con otros perros y, ahora que tiene 15 años, disfruta relajarse en el sillón o en el patio, cerrando los ojitos y gozando del día.

Tiziano es un galgo tranquilo y mimoso. Su juego favorito es tomar una soga y correr para que sus hermanos intenten quitársela. Le encanta correr, como buen galgo, para descargar energía. Es algo tímido, pero cuando entra en confianza se muestra desinhibido y cariñoso. Busca estar cerca de sus hermanos y disfruta hacer fiaca en el sillón o en su cama. Tiene un porte elegante y fino y un detalle gracioso: sus dos colmillos asoman por fuera de su trompita.

Felipe es sociable y alegre, le encanta salir de paseo y hacer amistades con todos los que se cruza. Sus juguetes preferidos son los peluches, aunque también disfruta jugar con su hermano corriendo y dándose pataditas. Tiene una característica muy particular y simpática: no tiene pelo, solo piel, con unos pocos mechoncitos en la cabeza que lo hacen único y encantador.

Una unión linda y especial

Entre los tres se llevan muy bien y nunca hubo problemas de integración. Los tres son muy unidos, comparten cada momento juntos, jugando, paseando y disfrutando de la vida en equipo. Margaret, al ser la primera en llegar, siempre recibió con cariño a cada uno de sus hermanos, sin mostrar celos y dándoles una cálida bienvenida. Tiziano y Felipe, al tener edades similares, conectaron enseguida y lograron una convivencia armoniosa desde el primer momento, sin peleas ni dificultades.

Nuestra vida juntos: cuidado, compromiso y muchos juegos

En mi tiempo libre suelo ver películas y series, o salgo a caminar por parques y plazas acompañada de buena música, tratando de priorizar actividades que me conecten con la naturaleza y la tranquilidad. Mis días se dividen entre mis responsabilidades laborales, mis horas dedicadas al deporte y el seguimiento de mi tratamiento oncológico, que incluye sesiones semanales de quimioterapia. Estas actividades forman parte de mi organización cotidiana y de mi cuidado personal.

Con ellos disfruto de paseos diarios en distintos momentos del día —mañana, tarde y noche—, lo que les permite ejercitarse y socializar. Además, suelen unirse en ocasiones a mis actividades, acompañándome y compartiendo tiempo juntos. 

Además de las caminatas también jugamos con una pelota o a que tengan que buscar una soga. Entre ellos juegan constantemente con sus juguetes.

Ellos me ayudan, transforman mi vida y la hacen mejor

Compartir con ellos cambió mis hábitos de manera significativa y me ayudó en diferentes aspectos: aprendí a adaptar mis horarios de trabajo para poder estar más presente y dedicarles tiempo de calidad, gracias a sus paseos diarios incorporé ejercicio de manera constante, algo que antes no formaba parte de mi rutina. Al adoptarlos descubrí una comunidad perruna, donde conocí nuevas personas y compartimos actividades en conjunto.

El cambio más profundo es que se convirtieron en un gran apoyo emocional. Me acompañan en cada etapa de mi tratamiento oncológico y logran distraerme de la enfermedad, brindándome compañía y fortaleza.

Nuestra conexión con DOGRUN

Conocí DOGRUN en el año 2022, a través de las redes sociales. Participamos del evento anual DOGRUN y del encuentro DOGRUN Hace Bien. En ambas la experiencia fue muy enriquecedora. Disfruté de las charlas educativas, de recorrer y divertirme en los diferentes stands y sobre todo de poder compartir cada momento junto a mis compañeros de cuatro patas.

Cada vez que realizo una actividad, intento incluirlos porque nos hace bien a ambos. Compartir ejercicio y movimiento fortalece nuestro bienestar físico y emocional. Y no sentirme sola en esa ocasión. 

DOGRUN me motivó por la posibilidad de realizar actividad junto a ellos, compartiendo un espacio que combina ejercicio, diversión y vínculo afectivo. Uno de los recuerdos más lindos que guardo es la emoción de participar junto a ellos en cada etapa. Lo más especial es llegar a la meta y ver cómo les entregan sus medallas, un gesto que simboliza el esfuerzo, la unión y la alegría de haberlo vivido juntos.

Con ellos se aprende a vivir de otra manera

Su compañía me ha transformado profundamente, enseñándome a disfrutar más de la vida y a valorar los momentos simples. Gracias a ellos aprendí a compartir más tiempo al aire libre, a vivir el presente y a reconocer que todo en la vida se vuelve más lindo cuando está acompañado de su amor y presencia.

Como biológicamente no puedo ser mamá, ellos ocupan ese lugar tan especial en mi vida: son mis hijos perrunos, mi familia elegida, quienes me enseñan cada día que el amor incondicional existe y que todo es más llevadero cuando se comparte con ellos.

Ellos hacen que mi vida sea más hermosa, incluso mientras realizo mi tratamiento oncológico. Siempre están presentes: cuando vuelvo de mis sesiones de quimioterapia me esperan, se acuestan conmigo, me llenan de besos y me rodean de cariño. En esos momentos se convierten en mis verdaderos “enfermeros”, brindándome contención y apoyo emocional, ayudándome a atravesar cada etapa con más fuerza y esperanza.

Reyna

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